El arte de aprender a amarte

Hay un momento en la vida en el que dejas de buscar afuera lo que siempre ha vivido dentro de ti. Un instante silencioso, casi imperceptible, en el que decides mirarte con otros ojos… con ternura, con paciencia, con amor. Y es ahí donde comienza la historia más importante de todas: enamorarte de ti.
No es un proceso inmediato. No ocurre de un día para otro. Es un descubrimiento lento, como cuando conoces a alguien que te intriga profundamente. Empiezas a observarte, a escucharte, a entender tus emociones sin juzgarlas. Te das el permiso de sentir, de sanar, de reconstruirte. Y poco a poco, te conviertes en ese lugar seguro que antes buscabas en otros.
En cuestiones de la vida misma, no siempre tendemos a relacionarnos con nuestra conexión autentica y genuina que consideramos llamar “nuestra alma gemela”, es aquí donde vamos afianzando e idealizarlo según a nuestras estándares, culturas, patrones repetitivos en nuestro ser. No es un proceso tedioso, aprender a soltar e inclusive cuando sabes que dos personas se aman, se consuelan, se animan y hasta proyectan un futuro contigo, inmediatamente tu cerebro reacción en un circuito que llamamos liberación de hormonas del amor, y es justamente allí, donde alcanzas a percibir hasta cierto olor de su cuerpo, te fijas mas en sus expresiones, aprender a bajar tu tono de voz para escucharlo en mayor armonia y sintonia cuando lo tienes al lado; y podría redactarte miles de sensaciones que nos hacen liberarnos y conectarnos con esa persona.
Pero aquí se trata de reconocer, que el amor también se trabaja en ti, y aun mas cuando tienes coherencia en tu mente en poder aceptar, que el también necesita ser feliz sin ti… a esto le llamamos “el supremo grado de maduración en inteligencia emocional”.
Por lo tanto enamorarte de ti implica aprender de cada conexión que ha pasado por tu vida. De las que te hicieron sonreír sin razón y de las que te rompieron en mil pedazos. Porque todas, sin excepción, dejaron algo en ti: una lección, una verdad, un reflejo. Comprendes que no fue pérdida, fue aprendizaje. Que no fue fracaso, fue evolución.
Y entonces cambia todo. Ya no amas desde la necesidad, sino desde la plenitud. Ya no te conformas con migajas emocionales, porque has probado lo que significa darte amor completo. Empiezas a elegir desde la calma, desde la coherencia que construiste contigo misma.
Hay belleza en reconocerte después de haberte perdido. En volver a ti con más fuerza, con más claridad, con más amor. Es como reencontrarte con una versión tuya que siempre estuvo ahí, esperando a que la vieras de verdad.
Este enamoramiento no depende de nadie más. No se rompe con la distancia ni se debilita con el tiempo. Al contrario, crece cada vez que te eliges, cada vez que te respetas, cada vez que decides no traicionarte por encajar en lugares donde ya no perteneces.
Porque él quiere liberarte con tu energia femenina y desprenderte hacia el amor propio dejas de mendigar amor. Y empiezas a compartirlo, no solo eso, lo atraes, lo conectas y cuando menos piensas ya no ves a la otra persona conectas tus carencias y defectos, ya no lo observas como el reflejo d etu propia sombra en un espejo…. Es allí donde consigue sentir tu atutencidiad, tu libertad y tu profundidad.
Y ahí, justo ahí, es donde todo se transforma. Porque la relación más larga que tendrás en tu vida es contigo. Y cuando decides cuidarla, nutrirla y honrarla… el resto del mundo empieza a sentirse como un reflejo de ese amor que ya habita en ti.
Para estas grandes reflexiones introspectivas, se ha de necesitar muchos consuelo, una consciencia arraigada a quien eres tu, a priorizarte, comprenderte y sobre todo valorarte.
Para aquella persona que lea esto o se sienta identificada, les recuerdo que siempre serán mi bollito de canela tan dulce y precioso como los parisiens,
“Comme lors des nuits froides et désertes de Paris, tu m'as choisi.y”





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